Educar a través de la palabra

Una de las frases más famosas del influyente teórico de la educación del siglo XX, Paulo Freire, dice: “Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer”.

Estrés, prisas, mal humor, cansancio, sin lugar a dudas situaciones así habrán llevado a más de uno de nosotros a perder la paciencia y levantar la voz, acto del que seguramente  instantes después nos habremos arrepentido.

Ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo, o incluso desconocidos, un grito no le sienta bien a nadie, pero indudablemente los que más sufren ante situaciones de esta índole son los niños.

A diario nos enfrentamos a circunstancias que nos pueden llevar a perder la paciencia. Sobre todo si eres padre o maestro, sabrás que no siempre puedes llevar el control sobre el comportamiento de los niños, pero sí controlar tu reacción ante sus conductas.

Al fin y al cabo todos hemos sido niños alguna vez y sabemos lo que es. Aunque no siempre conocemos cuál es la forma más adecuada de reaccionar ante estas situaciones, deberíamos tener presente que existen varias vías de solventar un conflicto sin tener que levantar la voz necesariamente.

Gritar no te hace más fuerte, ni tampoco superior, gritando no resolverás nada.

Pero lo peor de todo no ocurre en el momento de pegar el grito, sino que son las consecuencias que acarrea el acto a largo plazo.

Recientemente, la Escuela Simmons de Trabajo Social de Boston (EEUU), ha llevado a cabo  un estudio que muestra que no es necesario recurrir al maltrato físico para dañar la personalidad y la seguridad de los niños, sino que basta con gritarles para dejar huella en sus vidas.

La directora del estudio sostuvo que las consecuencias incluían problemas de salud mental. Las personas que viven en un ambiente de constantes gritos padecen, al llegar a la edad de los 30, un riesgo tres veces mayor de sufrir trastornos psiquiátricos que los que viven en familias estables.

Lamentablemente no siempre tenemos la suficiente paciencia, ni tampoco es posible controlar todas las situaciones a las que nos enfrentamos, sobre todo cuando se trata del comportamiento de los niños. No obstante, deberíamos tener presente que existen múltiples formas de educar a los niños sin llegar a levantar la voz. Dialogar, comunicar, explicar el por qué de las cosas, enseñar ejemplos y constatar hechos –educar a través de la palabra es, sin lugar a dudas, la mejor forma de enseñar a los niños porque porque educar sin gritar es posible.