¿Por qué el niño imita a otros niños?

 

  • Abrid los libros por la página 1. ¿Quién quiere empezar a leer?

Pues probablemente casi todos, profe. Pero Carla no se ofrece voluntaria porque pensaba que su amigo Pedro también quería leer y sin embargo Pedro no levanta la mano. Y Pedro no levanta la mano porque David está escribiendo notitas a María en vez de atender, y si David, que “es un tío que mola”, no atiende, será porque atender es de pardillo. Entonces Adrián ve que ni María, ni David, ni Pedro, ni Carla dicen nada, así que decide quedarse callado él también, porque aunque no entiende por qué todos actúan así, se siente inseguro si es el único que actúa de otra manera.

 

Ésta es una situación de la que seguro que todos los profesores (y no solo los de TokApp), que la viven semana tras semana, están aburridos. Pero no es la única, hay muchas más como ésa: cuando el niño en lugar de ponerse correctamente la mochila la lleva colgada de un solo hombro porque así la llevan los demás niños, cuando le da vergüenza comer un bocadillo de tortilla en el recreo porque todos lo comen de jamón y queso, cuando ha llevado el paraguas a clase pero no lo abre porque sus compañeros utilizan capucha…

 

Otra situación que entonces también suele repetirse, es el momento en que el niño llega a casa explica el porqué de lo que hace a sus padres y éstos responden algo como “¿Y si ellos se tiran de un puente, tú también te tiras?”

 

Puede parecernos un comportamiento propio de la inmadurez, y pese a que es cierto que es típicamente infantil, los adultos no estamos mucho menos exentos de manifestarlo.

 

Fuente: ytimg.com

 

¿Qué es lo que lleva a imitar?

 

El catedrático en psicobiología y prestigioso neurocientífico Manuel Martín Loeches, justifica este tipo de conductas explicando que las principales motivaciones de los humanos son sobre todo de tipo social, y que es precisamente la presión social, la ambición de tener éxito en la sociedad o la competitividad para obtener recursos de ella lo que ha provocado que en las últimas etapas evolutivas nuestra corteza cerebral creciese hasta alcanzar el volúmen actual, que triplica el de un chimpancé. Todo para poder sacar beneficios del entramado comunitario. No obstante, no se trata de una conducta puramente egoísta. De hecho, es a ella a la que debemos valores como el respeto, la empatía o la solidaridad y la que nos hace más humanos.

 

Fuente: expressen.com

 

Pero, ¿cuándo se convierte en una dificultad?

 

El problema que puede surgir de esta necesidad social, especialmente en los pequeños que son más vulnerables porque todavía se encuentran en fase de aprendizaje y tienden más a dudar de sí mismos, es que un deseo excesivo de actuar conforme al colectivo mostrándose siempre de acuerdo con la mayoría puede resultar una limitación para la innovación y la creatividad. Nuestros hábitos como especie gregaria, como su propia definición indica, son un arma de doble filo:

 

 

Demasiado a menudo la aceptación del grupo y la coherencia con uno mismo son incompatibles, y lo último aún se vuelve más complicado cuando la elección ha de tomarse en un contexto público, o en otras palabras, delante del resto la clase.

 

Casos populares

 

Prueba de ello son estos curiosos y divertidos experimentos del famoso psicólogo Solomon Ash que, aunque originalmente se llevaron a cabo como parte de un programa televisivo de bromas, acabaron convirtiéndole en un referente de las teorías de los sesgos cognitivos, tanto es así que hoy en día esta clase de experimentos de conformidad son conocidos como Experimentos de Ash.

 

 

 

¿Cómo podemos ayudar al niño a desarrollar su autonomía?

 

Según Andrew Whiten, investigador de la Universidad escocesa de San Andrews, no sólo la música, la literatura o la danza constituyen la cultura de una comunidad. Desde el punto de vista del científico, “la cultura es todo lo que aprendemos de los otros, así que cualquier práctica forma parte de ella: qué comemos, cómo lo comemos, la manera en que nos sentamos, las palabras que empleamos… y se difunde de individuo a individuo por observación”. Los miembros de más edad dentro del grupo son los que más conocimientos culturales han acumulado y por consiguiente, actúan de modelo para los demás miembros. Por ese motivo, por su parte hay una inclinación mayor a rechazar las nuevas ideas de los más jóvenes, porque cuando ya se han adoptado una serie de tradiciones y se toman como buenas, cualquier otra que intente incorporarse plantea la posibilidad de contradecir una anterior. Al mismo tiempo, si el individuo que innova es una persona de alto rango (en este caso, un profesor o un adulto de la familia), al que todos tienen miedo, los demás no se atreverán a ir a su lado para aprender de él, con lo que su conocimiento no se transmitirá.

 

 

Para evitar que esto le ocurra al niño, muéstrate cercano a él, repite los comportamientos que quieras que adquiera para que los vea, pero no te cierres a sus propuestas, anímale a cuestionarse su entorno y tener determinación. No olvides que no toda la influencia la ejerce su círculo de amistad, él también es un espejo tuyo. Y que la única forma de educar, pasa primero por entender.